14 de febrero de 2008

The Love Story of the Decade

En Nueva York casi todos estaban de acuerdo en que la condesa Olenska ya no era tan bella como antes. Había aparecido por vez primera, en la infancia de Newland Archer, como una niñita de nueve o diez años de deslumbradora belleza, de quien la gente decía "habría que hacerle un retrato"

-Hace mucho tiempo que esperaba una oportunidad como ésta para decirte cuánto me has ayudado, qué has hecho de mí... Archer la miró de hito en hito, el ceño fruncido. La interrumpió con una carcajada. -¿Y qué te parece lo que tú has hecho de mí? La condesa palideció un poco. -¿De tí? -Sí, porque soy obra tuya mucho más que tú obra mía. Soy el hombre que se casó con una mujer porque otra le dijo que lo hiciera. La palidez de Madame Olenska se transformó en rubor. -Creí... prometiste... que hoy no ibas a decir estas cosas. -¡Ah! ¡Siempre mujer! ¡Ninguna de vosotras quiere llegar hasta el fondo en los asuntos desagradables! Ella respondió en voz baja. -¿Es un asunto desagradable... para May? Archer, de pie junto a la ventana, tamborileando los dedos en el marco levantado, sintió en todas sus fibras la melancólica ternura con que había pronunciado el nombre de su prima.
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Él lo dijo con esa suficiencia intelectual que le hacía francamente repelente, algunas veces :"Es la mejor explicación del principio de incertidumbre que formuló Heisemberg. El melodrama explica a la ciencia."

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Lo que la respuesta de la condesa realmente decía era: "Si levantas un dedo, me alejarás de ti; hacia todas las abominaciones que conoces, y todas las tentaciones que sólo adivinas a medias." Lo comprendió tan claramente como si hubiera pronunciado las palabras, y la idea le retuvo anclado a su lado de la mesa con una especie de conmovida y sagrada sumisión. -¡Qué vida para ti! -gimió. -Oh... mientras sea parte de la tuya... -¿Y la mía parte de la tuya? La condesa asintió. -Y eso ha de ser todo... ¿para ambos? Bueno... es todo, ¿verdad?
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Las actuaciones de Michelle Pffeifer y Daniel Day-Lewis son maravillosas. Cada uno de los gestos, roces, miradas están magníficamente planteados dejando al espectador conmovido aún terminada la película.
La Edad de la Inocencia fue considerada por la crítica, la historia de amor de la década. Ambientada en el siglo XIX en Nueva York. Para quienes no lo saben, ésta es una de mis películas favoritas.
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En un mundo de tradiciones. En una edad de inocencia.
Ellos se atreven a romper las reglas.

1 comentario:

Maggie Aquino dijo...

espeeeeeeero la actualización de este blog, ja ja RANDOM